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miércoles, 8 de octubre de 2014

Terapia online para acortar distancias

Estamos acostumbrados a acudir al psicólogo de manera presencial a su despacho. Pero ¿qué ocurriría si viviéramos en un lugar donde no hay un psicólogo cerca y tuviéramos que desplazarnos varios kilómetros para mejorar nuestra salud psicológica?
Cuando alguien necesita ayuda normalmente no suele tener un ánimo suficiente para coger el coche y conducir hasta otra población para estar una hora en un despacho hablando con otra persona. Y, si toma medicación, es posible que los efectos secundarios no le permitan conducir con lo que dependerá del servicio público de transporte y de su buen funcionamiento. Además, si una persona tiene dificultades de movilidad, tiene agorafobia (pánico a salir a la calle) o bien tiene una depresión tan fuerte que no es capaz de salir a comprar el pan porque no se siente con fuerzas puede que jamás tome la decisión de llamar para concertar una cita en la que se tiene que desplazar.

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La terapia online se puede hacer desde cualquier lugar con un importante ahorro de tiempo y de mejor adaptación de horarios.

La irrupción de las nuevas tecnologías no sólo propicia la adición a internet sino que abre nuevas opciones de comunicación como es la terapia online. Muy al contrario de lo que se puede pensar, este tipo de contacto acorta distancias ya que permite a muchas personas acceder a un psicólogo venciendo todos los obstáculos que puede encontrar a la hora de desplazarse a otro lugar.
La terapia online consiste en realizar las sesiones de atención psicológica mediante videoconferencia, a través de plataformas como Skype o Hangouts. De esta forma, las personas se pueden ver y conocer para establecer la misma confianza que si estuvieran en un mismo lugar físico. El modo de llevar a cabo la sesión es exactamente igual que si estuvieran en el mismo despacho del profesional: cliente y psicólogo se conectan a la hora acordada y llevan a cabo la sesión correspondiente viéndose en el ordenador o en el smartphone a través de la webcam.
Esto supone que cada persona puede acceder a un psicólogo desde cualquier lugar del mundo con lo que la distancia, lejos de aumentar, se acorta. Además, se puede elegir al profesional que realmente queramos sin necesidad de que esté en nuestra misma ciudad o pueblo.
Un punto importante es que algunas personas tienen cierto reparo a contar su intimidad a una persona desconocida y no se sienten cómodos a la hora de tratar ciertos temas. Mediante la terapia online se ha visto que a las personas les cuesta menos hablar de lo que les pasa y exponer sus sentimientos y preocupaciones. Se sienten más libres y pueden aportar mayor información sobre su problema con lo que el psicólogo puede trabajar con más precisión haciendo que la intervención sea más efectiva que si el cliente oculta información por vergüenza o desconfianza.
Algo que nos puede resultar muy curioso es que no en todos los países se reconocen los problemas mentales de la misma manera. Por ejemplo, el trastorno límite de la personalidad no tiene la misma aceptación e, incluso, reconocimiento que otros trastornos mentales en algunos países de Latinoamérica. En este caso, las personas que se ven afectadas no pueden encontrar una ayuda adecuada y especializada dentro de su país por lo que el sufrimiento de quienes se ven afectados por este trastorno se acentúa.
La terapia online puede suplir esta carencia de atención y ayudar a quienes necesitan comprender su problema, aprender a vivir con él y afrontar su vida integrando su trastorno mental.


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En la terapia online el cliente está en su propio entorno, por ello se siente más cómodo, seguro y con mayor libertad para hablar y expresarse.
 
Imaginemos tener algún tipo de enfermedad, sea psicológica o física, y que nadie nos pueda evaluar y tratar. No sabemos qué es lo que nos ocurre lo que nos crea un gran sufrimiento y preocupación. Además, ante el desconocimiento general, el entorno estigmatiza a las personas y eso hace que quien se ve afectado por la enfermedad se quede sin ayuda, sin tratamiento y, además,  aislada socialmente por “ser raro” o peor aún, señalado de por vida por “estar loco”.
En cambio, si tenemos acceso a la atención de un profesional de cualquier parte del mundo donde sepan lo que nos ocurre las cosas cambian. Es posible entender las características de la enfermedad, saber que tiene un tratamiento y se puede mejorar la calidad de vida e incluso que no se “es raro”, ni se “está loco” ni se está solo.
Los avances de la tecnología son útiles y contribuyen a mejorar nuestra calidad de vida siempre que se empleen de una manera adecuada y racional. La terapia online puede aportar un rayo de esperanza a todas aquellas personas que no se atreven o no pueden o no tienen tiempo de acceder a un psicólogo de la manera tradicional.

miércoles, 23 de abril de 2014

La soledad percibida: estar solo entre la multitud

La soledad no es sólo la ausencia de compañía. Es un sentimiento que puede resultar devorador. Conocemos la tristeza de la soledad en las personas que no tienen amigos, que viven solos sin una elección voluntaria. Conocemos, también, la soledad más desgarradora y menos buscada que es la de los ancianos que van perdiendo paulatinamente su red social. Van falleciendo sus parejas, hermanos, amigos, y en algunos casos se ven aislados por la lejanía de sus hijos y nietos o por su abandono.
Ahora bien, además, de la soledad real, existe un sentimiento de soledad que aparece aún estando rodeados de gente, es la soledad percibida. Es el sentimiento que nos pone un “pero” cuando estamos siempre en compañía y nunca nos falta un plan para pasarlo bien con otras personas. Buscamos nuevos contactos, asistimos a cualquier fiesta o evento, participamos en actividades de ocio colectivas, constantemente estamos buscando nuevas maneras de conocer a más y más personas. Esta búsqueda, a veces, puede llegar a convertirse en una obsesión.

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Soledad percibida

Después de todos esos esfuerzos, la nada se sigue apoderando de nuestra mente. Es una insatisfacción general con nuestro entorno, es un sentimiento de autoengaño por creer que la gente de la que nos rodeamos satisfará nuestras propias carencias y nuestra soledad interior. Sin embargo, el sentimiento persiste.
El siguiente paso que solemos dar es buscar nuevas sensaciones que nos aporten ideas y sentimientos frescos e intensos con la idea de que nos dejen una huella en el tiempo que rellene el vacío de la soledad. Intentamos reciclarnos mediante experiencias que no nos dejen tiempo para pensar, que nos mantengan la mente ocupada y que eviten que esos pensamientos negativos nos absorban por completo.
El problema es que las sensaciones que nos aportan estas experiencias son muy efímeras e, inevitablemente, volvemos a sentirnos solos. Buscamos actividades que nos aporten elevadas dosis de emoción y cuanto más dispares mejor. En este punto, los sentimientos que sustituyen a la soledad y que aparecen tras la dosis de bienestar suelen ser la insatisfacción, la culpa, el remordimiento, la frustración y la rabia por no ser capaces de cambiar ese sentimiento continuo de negatividad. Así, cuando la insatisfacción persiste aumentamos la frecuencia en la búsqueda de nuevas sensaciones o cambiamos de actividad.

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La soledad percibida es el sentimiento de vacío y aislamiento a pesar de estar rodeados.


Por lo general, acabamos cometiendo excesos como jugarnos la vida con actividades de riesgo, comemos en demasía y de forma compulsiva, abusamos de sustancias tóxicas o psicotrópicos o desarrollamos adicciones como la cleptomanía, la ludopatía, la adicción al sexo, a las compras, a internet, etc. Cada exceso que hacemos momentáneamente mitiga la sensación de vacío pero, en cuanto termina, la ansiedad vuelve a nosotros y la soledad nos devora de nuevo.
Esa soledad percibida está en nuestra mente y no nos desharemos de ella a menos que la aceptemos. Es mejor aprender a convivir con esa soledad que nos acompaña en los malos momentos y aprender a identificar las experiencias de placer y descanso que nos da la compañía. Y, sobre todo, aprender a disfrutarlas, no vivirlas con ansiedad por miedo a que se terminen.
Debemos distinguir entre las personas que hacen relleno en nuestra vida y que pasan circunstancialmente a nuestro lado de las que estarán con nosotros toda la vida y nos apoyan. Ésos con los que establecemos lazos afectivos mutuos ya sean de amistad, amor, familiaridad, etc. No podemos pretender que todas las personas permanezcan a nuestro lado pero sí es bueno que nos esforcemos en cuidar y trabajar unas relaciones verdaderas y de calidad.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

¿Por qué son tan adictivos los videojuegos?

Una gran mayoría de nosotros ha jugado alguna vez a los videojuegos. Y por estos entiendo todos los juegos que van desde las antiguas videoconsolas a las más modernas, los juegos de ordenador incluidos el típico buscaminas o el solitario, los juegos de cartas on-line o el juego de la serpiente de los antiguos teléfonos móviles. Existe una variedad inmensa de videojuegos que, en muchos casos, nos hacen perder la cabeza.
Cuando empezamos a jugar lo hacemos por curiosidad pero esa curiosidad, de repente, se vuelve un impulso irrefrenable de continuar o de, nada más que podemos, retomar el juego de nuevo. Muchos jugadores se pasan horas enganchados a sus videojuegos favoritos, dejan de dormir, de comer o descuidan sus ocupaciones diarias y sus relaciones sociales.
Pero, ¿qué es lo que hace que nos enganchemos a los videojuegos con tanta facilidad? Existen algunos puntos clave que nos mantienen en un estado de concentración tal que nos hace perder la noción del tiempo.
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Los test de reacción son un buen ejemplo de videojuegos adictivos.

Lo primero de todo es el aspecto visual y la música que acompaña al juego. Los colores son el cartel de entrada, si nos gusta probaremos. La música es lo que nos mantiene entretenidos y cuando dejamos de jugar se queda en nuestro cerebro sonando una y otra vez sin que podamos librarnos de ella.
Normalmente están divididos en partes, pantallas o niveles. Eso hace que siempre tengamos un punto para poder parar. El famoso “cuando llegue a este sitio paro”. Se supone que si tenemos un punto de referencia será más fácil desconectar del videojuego. Pero no es así. En los casos en que es muy difícil tenemos continuamente la sensación de que estamos a punto de encontrar la solución para seguir adelante. Sólo necesitamos probar una vez más para saber si es así o no. Y esa vez nos da otra nueva idea para probar y así sucesivamente.
Cuando el videojuego es sencillo pasamos de nivel continuamente lo que nos produce la sensación de estar en racha y la curiosidad por saber si el siguiente nivel será igual de fácil. Otro elemento que tienen los videojuegos sencillos es que son rápidos de jugar. Cada partida dura poco y por eso nos fijamos límites para dejarlo: “Sólo una más”, “Cinco minutos más”, “Todavía me da tiempo a jugar otra”, etc. Como es tan rápido no creemos que realmente esté pasando el tiempo. Muchas veces, tenemos la sensación de que si hay alguien alrededor no se dará cuenta y podremos empezar otra partida o intentarlo de nuevo.
La sensación de reto o de alcanzar una meta es constante en cualquier videojuego y por eso nos mantienen involucrados. Tal es así que cuando acabamos una fase del videojuego sentimos una curiosidad irresistible de saber si seremos capaces de superar esta nueva pantalla, qué habrá después o si estamos cerca de llegar al final. Así que probamos “para hacernos una idea” y llegamos al punto de “lo intento una vez más que creo que ya sé cómo va” y cerramos el bucle en el que estamos metidos.
Otro de los elementos que nos enganchan es que, a pesar de avanzar lentos, en cada partida conseguimos algo. Obtenemos puntos, bonus, premios, vidas, objetos que nos hacen mejorar…en definitiva recompensas que nos motivan a seguir jugando.
Y por último, el elemento básico que es la posibilidad de mejora. Al principio suele ser exponencial para estancarse cuando ya nos hemos enganchado al juego en cuestión. Por muy difíciles que puedan ser los videojuegos siempre empiezan siendo muy fáciles o, incluso, hay una especie de sección de entrenamiento para empezar a jugar. Estos tutoriales suelen ser extremadamente fáciles para crear la sensación de que nuestra destreza es enorme y que con muy poco mejoramos.
Algunos de los videojuegos más adictivos son “Counter Strike”, “World of Warcraft”, “Age of Empires”, “The Sims”, “Candy Crush”, etc. y todos poseen varios de los elementos clave para atraparnos: el reto, la división en niveles o fases, la mejora exponencial, los premios continuos, la falsa ilusión de control para abandonarlo y brevedad en el tiempo de cada partida o misión.