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miércoles, 5 de febrero de 2014

Aborto, mujeres, tren de la libertad y derecho a decidir.

El pasado sábado llegó a Madrid el “Tren de la Libertad” para mostrar el rechazo a lo que pretende ser la nueva ley del Aborto en España. El acto surgió de un grupo de mujeres pertenecientes a asociaciones que luchan por los derechos, la igualdad y el respeto hacia la mujer. Como no podía ser menos, también se manifestaron esta vez para preservar el derecho a decidir ante un aborto.

aborto, tren de la libertad
Perder el derecho a decidir y no poder abortar puede traer graves consecuencias como el abandono o los malos tratos hacia los hijos no deseados.
Lo que sorprende es que la idea partió de mujeres con una media de edad que dista mucho de la edad de procrear. Son mujeres que ya no tendrían ninguna preocupación por este tema porque saben que ya no van a padecer en primera persona los efectos de esta ley. Sin embargo, estas mujeres ya lucharon una vez por conseguir que el aborto no fuera delito cuando sí estaban en edad fértil. Son mujeres que vivieron una época de represión en la que no podían criticar ni oponerse a nada pero que, en cuanto vieron la oportunidad, salieron a la calle a reivindicar sus derechos.
¿Qué les pasa a los jóvenes? Parece que no se respira entre la juventud ese aire reivindicativo ni entre hombres ni entre mujeres. En la manifestación, por supuesto, hubo presencia de los dos géneros y de todas las edades. Pero no deja de ser curioso que quienes llevaron la iniciativa fueran aquellas que ya lucharon una vez por este mismo tema, el aborto, y que consiguieron avanzar en sus derechos.
La experiencia les dice que hay que luchar para conseguir lo que se quiere. En cambio, los jóvenes no tienen esa experiencia. Seguramente ese día algunas mujeres estaban intentando sobrevivir a sus malas condiciones de trabajo o buscando un empleo o, bien, estaban demasiado ocupadas con sus móviles de última generación o con el programa de cotilleos de la televisión. Otras sí que se lanzaron a la calle.
El motivo de la pasividad es que la vida para ellas (y ellos) no ha sido una continua lucha y están acostumbrados a que las manifestaciones se hacen a posteriori, cuando ya ha pasado algo, como los atentados de eta. Y si se manifiestan por un objetivo se topan con la ignorancia y la indiferencia más absoluta como fue el caso de la guerra de Irak. Con lo cual la experiencia no es muy fructífera para los jóvenes.
No obstante, el tema del aborto no se puede tomar a la ligera porque trata de reducir a la minoría de edad o a la incapacidad a las mujeres. Si dejan de manifestarse por considerar que no es efectivo callarán y callando no les quedará más remedio que aceptar lo que les imponen. Las madres y las abuelas no van a estar siempre para defenderlas y, antes o después, tendrán que tomar las riendas de la lucha por su independencia.
El estado de indefensión en el que se encuentran les lleva a creer que no pueden hacer nada por cambiar la situación. De esta forma, se colocan desde el primer momento en una posición de sumisión de la que es muy difícil salir. Así, sumisas y sin facilidades para conciliar su vida laboral con la familiar se verán en la encrucijada de elegir y renunciar a una parte de su vida. Si esta elección entre ser madre y trabajar ya es algo excluyente en multitud de ocasiones ahora, con la ley del aborto, puede convertirse en una auténtica condena. Tener hijos en las condiciones que sean es contraproducente porque puede incrementar el maltrato hacia los hijos por la frustración que se puede acumular en las madres (e, incluso, en los padres).
La ley del aborto no es más que una idea religiosa convertida en tabú por creer que la eugenesia es algo malo. Existe una diferencia importante entre tener hijos a la carta, posible en las clínicas privadas para quienes se pueden permitir pagar altos precios por sus servicios; y la eugenesia que trata de evitar el sufrimiento a las propias personas y a quienes se encargarán de cuidarlas el resto de sus vidas.
Cuando hablamos de aborto hablamos de los hijos no deseados que pueden acabar abandonados, de los hijos con deficiencias leves que pueden llegar a tener una vida normal o no y de hijos con deficiencias muy graves que podrían estar prácticamente toda su vida en estado vegetativo. Muchas personas que entran en este estado por causa de un accidente o de una enfermedad preferirían la eutanasia ante esta situación, cosa que la religión cristiana tampoco permite.
Así pues, tanto con el aborto como con la eutanasia, nos encontraremos en una situación de gran sufrimiento que no podremos remediar ni antes ni después pero que mantendrá ocupada a buena parte de la población sin protestar.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Día Internacional de la Mujer



El día 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer. Ha habido una larga lucha hasta conseguir que esta celebración fuera considerada a nivel mundial. Poco a poco, se han ido logrando derechos que para los hombres son inherentes por el hecho de ser seres humanos con capacidad de raciocinio como el derecho al voto, al trabajo remunerado, a la independencia económica…
Algunos de los argumentos que se han dado a lo largo de la historia son: “no son tan inteligentes como los hombres”, “no están preparadas”, “no sabrían organizar su vida y se echarían a perder”, “si dejáramos estas decisiones en manos de las mujeres todo se iría al garete”, etc.… O aquellas tan sorprendentes que encontramos en creencias antediluvianas como que las mujeres son seres inferiores y, en algunos casos, las consideran al nivel de los animales o se escudan en que carecen de sensibilidad.
Habitualmente, se ha considerado que la mujer es el sexo débil y de ahí viene la explicación por la que no pueden cobrar el mismo sueldo que un hombre por su trabajo. Tienen menos fuerza y por tanto son menos productivas. Quizá podría ser una excusa difícil de discutir en épocas en las que el sustento económico eran la agricultura y la ganadería y el bien más preciado la fuerza física.
Pero la realidad del asunto es que la mujer se ocupaba de la casa y de los hijos porque, por supuesto, era su deber. Y además, como no trabajaba debía echar una mano a su marido con las tierras o el ganado porque el pobre trabajaba de sol a sol como un burro. Además, como su labor era meramente colaborativa y no suponía la misma carga física que la de sus cónyuges estaba más que justificado que aún estando embarazadas fueran a ayudar hasta el mismo día del parto. Y tenían suerte si se les complicaba un poco y se veían obligadas a guardar reposo, no sin arriesgarse a que las llamaran vagas y confirmaran así su condición de sexo débil.
Aquellas que trabajaban en fábricas no corrían mucha mejor suerte. Si faltaban al trabajo dejaban de cobrar los días que estuvieran ausentes con las consecuencias subsiguientes para la economía familiar. Y no hablemos ya si el marido era un borracho conocido de la ciudad que se gastaba el jornal en la taberna mientras en casa le esperaba la retahíla de hijos.
 En la actualidad (y en el mundo desarrollado), ya no es muy frecuente el trabajo físico y muchos empleos suelen ser un poco más cómodos pero las diferencias salariales continúan existiendo. ¿A qué se considera ahora debilidad? ¿A la inteligencia? ¿A la capacidad de atender al público? ¿Quién decide que intelectualmente son inferiores? Un dato académico es que desde hace algún tiempo las mujeres ocupan una proporción mayor en los estudios universitarios que los hombres (y no sólo estudian carreras de letras que, supuestamente, son las más fáciles).
Otro dato, es que los altos cargos de las empresas siguen dominados, en su mayoría, por el sexo masculino. Principalmente porque nuestra sociedad aún sigue creyéndose eso de que un hombre llega a ocupar un puesto importante porque es muy válido pero una mujer a saber lo que habrá hecho para llegar tan arriba
Lamentablemente aún seguimos encadenados a viejos mitos. Por un lado, están los prejuicios de quienes contratan por pensar que no están capacitadas para desarrollar una labor de tanta responsabilidad o que no sabrán hacerse respetar. Y, por otro lado, están ellas mismas minadas por el sentido de culpabilidad que se desprende de dedicar tanto tiempo al trabajo y restárselo al que conceden a sus hijos y a su casa.
¿A su casa? Inconscientemente, desde pequeños seguimos inculcando esa idea absurda del cuidado y la responsabilidad de la casa a las niñas. Seguimos siendo más condescendientes con los niños y aplaudimos los esfuerzos de ellas por cooperar en las tareas del hogar. Sin hablar del tipo de juguetes que se regalan cada año.
Para terminar, no olvidemos a las mujeres solteras, divorciadas, separadas, etc. que se encargan de cuidar ellas solas de sus hijos. Intentan trabajar el máximo número de horas para poder mantener con su sueldo (muchas veces inferior) a su prole y, además, intentan estirar las horas del reloj para poder disfrutar y educar a sus hijos.
Por estas y por muchas otras razones es más que necesario que se les dedique un día en el calendario.