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martes, 11 de diciembre de 2012

La culpa del paro es de las mujeres



La tasa de paro supera el 25% de la población activa, lo que supone que nos acercamos a los seis millones de personas desempleadas. Son cifras abrumadoras que no dan lugar a mucho optimismo. Esta situación, genera un estado de frustración y temor constante, no sólo en las personas que no tienen empleo, sino, también, en las que lo tienen ya que pueden perderlo en cualquier momento. Pero, en especial, esto afecta a aquellos que llevan mucho tiempo sin encontrar un trabajo.
Ello contribuye a que muchos hombres comiencen a pensar que la “culpa de todo la tienen las mujeres porque les quitan el trabajo”. “Que antes no había tantos problemas como ahora y que el número de empleos no crece y hay demasiada gente queriendo trabajar”.
Estas ideas suenan a otro tiempo, no muy lejano, en el que se escuchaban voces que argumentaban que los inmigrantes venían a nuestro país a quitarnos el trabajo a los de aquí. Ahora, como muchos de ellos han tenido que volver a su país cuando han visto que España no es un paraíso, ni mucho menos, nos encontramos con que la situación no ha mejorado para nada.
¿Qué hacer entonces si esto no mejora y ya no hay inmigrantes a quien echar la culpa? Habrá que buscar otro chivo expiatorio que nos dé alguna razón para soportar esta situación tan caótica. Siguiendo la escala de los más débiles las siguientes son las mujeres. Después de luchar tanto tiempo para conseguir la integración en el mercado laboral, ahora parece que no fue tan buena idea.
En los momentos difíciles si no tenemos un motivo que nos explique la situación que vivimos nos sentiremos mucho más perdidos y no podremos generar ninguna solución ni expectativa de cambio. Por eso, necesitamos teorizar y buscar una razón que nos parezca medianamente verosímil. Normalmente, se buscan personas o colectivos que no están asentados del todo o que se consideran más débiles para hacerles cargar con la culpa de las desgracias. De esta manera nos sentimos algo más aliviados y nos creemos que puede haber una salida a los problemas.
En este caso son las mujeres porque se encuentran en el siguiente escalón de los colectivos “débiles”. Para reforzar este razonamiento se recuperan todos los prejuicios y las ideas del patriarcado y se fortalecen aún más que en otros tiempos porque es necesario que tengan suficiente consistencia como para que se convierta en una explicación general. Y cuanta más aceptación tenga más convencidos estaremos de ello y menos necesitaremos buscar explicaciones o soluciones alternativas que antes no encontramos.
No sólo los hombres son quienes aceptan esta explicación. Las mujeres se sienten débiles porque aún no han consolidado su posición en el mundo laboral. Eso les crea inseguridad y hace que se pregunten muchas veces si realmente se merecen su empleo o que se sientan mal cuando ellas tienen trabajo y sus parejas están desempleadas. De manera subyacente esas ideas están presentes en el entorno de todos y, paradójicamente, lo que hacen es frenar las posibles soluciones que se puedan plantear.
Por otra parte, los altos cargos están ocupados, en su mayoría, por hombres y esta situación se acentúa cuanto más avanzamos en las jerarquías. Las mujeres, en gran parte, acaban ocupando cargos sin responsabilidad o secundarios. Sin embargo, se ha demostrado que cuando son mujeres quienes ocupan los altos cargos de la jerarquía en las empresas el funcionamiento es mejor y la productividad aumenta. No obstante, seguir ese razonamiento supone dejar a un lado nuestras creencias machistas que tan bien asentadas están en nuestra sociedad y cambiar nuestro sistema de valores de manera radical. Algo para lo que la sociedad no se siente capacitada ni se sentirá mientras aquellos que se encuentran en el poder se sigan aferrando a su egoísmo y teman que se les desplace si dan una oportunidad a la igualdad real.
Es más, podemos recordar cómo no hace mucho tiempo surgieron opiniones de políticos (hombre ¡y también mujeres!) que actualmente están en el gobierno de la nación y de las comunidades autónomas defendiendo la vuelta de la mujer a sus labores en el hogar como medida para combatir el paro.
¿Qué ejemplo se está dando y qué ideas estamos reforzando? Con ello lo que se consigue es echar por tierra las medidas de igualdad, ya de por sí muchas veces irrisorias. ¿O es que no somos conscientes de la precariedad de la maternidad, de la falsa conciliación laboral o de los permisos de maternidad-paternidad y excedencias que si se solicitan se corre el riesgo de perder el empleo?

viernes, 17 de febrero de 2012

La reforma (psico-socio) laboral


¿Qué curioso que el caso del dopaje de los deportistas españoles y el enfurruñamiento con los franceses casi coincidiera en el tiempo con la aprobación de la reforma laboral del pasado 10 de febrero? A mí que me recuerda a aquello de pan y circo… Sólo que en este caso sea circo para jugar con el pan.
Sin embargo, parece que aún nos queda un poco de cordura y podemos razonar mínimamente para abandonar las maniobras de despiste y centrarnos en lo que, de verdad, nos afecta directamente a cada uno de nosotros. Es cierto que las nuevas medidas, que abaratan el despido, activarán el movimiento en el empleo pero, en mi opinión, no lo mejorará. Lo que parece es que así será una especie de rotación entre periodos trabajando y periodos en la cola del INEM. Visto de esta forma, hasta se podría considerar una medida para la igualdad de oportunidades: primero la miel en los labios y luego al paro…pero eso sí, todos igual.
Si profundizamos un poco más en el asunto nos daremos cuenta de que el despido libre ya existía y en una amplitud más que considerable. ¿Acaso nadie ha sufrido en sí mismo o en su entorno el contrato de obra y servicio? De acuerdo, que este tipo de contratos tiene sus condiciones y limitaciones, como todos, pero en realidad ¿qué es esto sino un despido libre?
¿Y los jóvenes y con sus becas? ¿Qué es eso más que un voluntariado forzoso? Casi nadie contrata sin experiencia y la única manera de conseguirla es mediante una beca. Pero también tienen sus limitaciones, tanto para el tiempo de poder solicitarlas desde que se finaliza la formación como para el tiempo de disfrute de la misma. Y después, ¿qué? “No es suficiente experiencia, buscamos más tiempo”, “una beca no es lo mismo que un trabajo”, “no podemos contratarte porque no cumples los requisitos para poder hacer un contrato en prácticas”, etc.
En el fondo, todas estas medidas están justificadas bajo esa falsa premisa de “¿veis lo que me obligáis a hacer?”; haciendo creer que es la única y absoluta solución, que por otro lado, se vende como eficaz y esperanzadora. Sin contar, por supuesto, que todo es “por nuestro bien”. Se intenta generar, así, un sentimiento de culpa en la sociedad como si de niños traviesos se tratara y tuviera que reparar el desastre el adulto “paciente y razonable” (¡Qué casualidad! Estas expresiones también las utilizan los maltratadores, pero ese es otro tema…).
El resultado de esta reforma llevará, inevitablemente, a un aumento de desempleados pero como ya se avisó parece que así la responsabilidad es menor (ya se sabe, es por nuestro bien). Y es que no hay mejor propaganda que partir de unos niveles ridículamente bajos para asegurarse una mejora y así conseguir una credibilidad insustancial. Es decir, si oficialmente hacemos creer a todo el mundo que partimos de menos uno pero nosotros sabemos que el nivel real es cero, aparentemente, será un gran éxito llegar a uno, ¿o me equivoco?
Y, ¿a la psicología qué le importa todo esto? Desde las áreas de Recursos Humanos se persigue que las empresas funcionen bien y, para ello, se valora sobre todo el capital humano. Se parte de la idea de que la satisfacción de un trabajador aumentará  su motivación, lo que repercutirá, a su vez, en el aumento de la productividad y en los beneficios. La satisfacción de una persona en su trabajo pasa por tener un horario adecuado, unos descansos razonables, vacaciones retribuidas, unas medidas de seguridad que no sólo afectan a la salud física sino, también, a la psicológica; una retribución que no sólo llegue para subsistir, la posibilidad de desarrollarse y crecer profesionalmente dentro de la empresa y de actualizar sus conocimientos, etc.
Con estas disposiciones, lo único que se consigue es que los trabajadores que aún conservan su empleo desempeñen su labor bajo la presión que genera la inestabilidad de que en cualquier momento se pueden quedar sin trabajo. No sólo se trata del estrés que provoca la propia situación sino que, también, repercute en la vida diaria ya que las preocupaciones se trasladan al resto de los ámbitos personales, en especial al familiar y al social.
Por suerte, las necesidades principales o primarias, como satisfacer el hambre o la sed, en este momento y en nuestro país la mayoría de las personas las tienen cubiertas. La necesidad de seguridad, que se sitúa justo en el siguiente escalón, no es nada baladí. En el momento que nos falta nos sentimos indefensos porque no sabemos si podremos hacer frente a determinadas dificultades, que es más que posible, que puedan acontecer. Con los efectos que el estrés y la sobrecarga emocional provocan en la salud.
El valor de los trabajadores es el valor humano, nuestro propio valor. Si no cuidamos de sus necesidades y de su salud, ¿qué esperamos que aporten a la sociedad, es decir, a nosotros mismos?