Mostrando entradas con la etiqueta Machismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Machismo. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de agosto de 2013

Crisis, Migraciones y Planes Familiares



Debido a la falta de trabajo muchas personas deciden abandonar sus hogares y lanzarse a la aventura. Muchas de estas personas ya tenían su familia o una pareja con la que habían hecho planes. Ante estas circunstancias y ante la necesidad de tomar la decisión surgen las dudas. Las dudas comunes de si se volverá al antiguo hogar alguna vez, dudas de si habrá que volver a marcharse o si el nuevo asentamiento gustará o no.
Pero, también, surgen dudas de otro tipo. ¿A dónde vamos? ¿Vienes conmigo o voy solo (o sola)? Las cosas ya no son como hace algunas décadas en las que sólo trabajaba el hombre y la mujer se quedaba en casa haciendo sus labores. Ahora las mujeres también tienen otras aspiraciones. Quieren ser algo en la vida que las satisfaga y no sólo que agrade a su pareja. Tienen expectativas laborales y buscan un reconocimiento fuera de su casa.
Es en este punto donde llegan las dudas más importantes. Porque marcharse del lugar donde hemos construido nuestra vida significa renunciar a muchas cosas, a personas importantes pero, también, a un estilo o un ritmo de vida. Habitualmente, cuando se toma la decisión de emigrar es porque ninguno de los miembros de la pareja o de la familia tiene trabajo o el que tienen es muy inestable e insuficiente para vivir.
Cuando se trata de una pareja, al empezar de cero siempre hay uno que prosperará más que otro y esto significa que el otro miembro ha de renunciar a sus objetivos tal y como se los había planteado. Quizá tenga que replanteárselos, aplazarlos o eliminarlos de su mente, según las circunstancias. Pero la renuncia por parte de uno significa que los dos renuncian en la pareja puesto que los planes futuros ya no van a ser igual que antes para nadie. Probablemente, durante un tiempo se tenga que vivir con un único sueldo, no muy abundante, el otro tratará de conseguir sus objetivos sin abandonarlos pero si no consigue nada irá rebajando sus exigencias hasta conformarse con encontrar algo, lo que sea.
En nuestro país, por lo general y visto lo poco que hemos avanzado en este aspecto, quien encuentra antes su empleo o, al menos, mejor pagado suele  ser el hombre. Con lo que la mujer seguirá acumulando tiempo desempleada y perdiendo oportunidades de ampliar su experiencia profesional por el hecho de ser mujer y por el hecho de ganar menos. Eso significa que cuando haya que volver a partir por cuestiones de trabajo será ella quien le siga a él porque será por el bien de los dos.
Y después, ¿qué? ¿Tranquilidad? ¿Estabilidad? Incertidumbre seguirá habiendo incertidumbre porque nunca se sabe cuándo cambiarán las cosas. Así pues, presumiblemente, la pareja sin hijos seguirá sin tenerlos por falta de recursos económicos, por falta de estabilidad en su vida o por miedo a que la madre pierda el trabajo que tanto le ha costado conseguir.
Porque seguimos viviendo en una sociedad en la que se despide a las mujeres embarazadas (antes o después de dar a luz) de forma prácticamente gratuita y porque, si siguen trabajando, terminarán por solicitar una excedencia para el cuidado de sus hijos ya que el irrisorio permiso de paternidad no permite que los hijos sean criados a tiempo completo por sus progenitores al menos durante su primer año de vida. Las mujeres, tras el período de baja maternal y el permiso para la lactancia tenderán a solicitar la excedencia asumiendo que será muy difícil volver a incorporarse a su puesto de trabajo, si es que aún lo mantienen.
Renunciar a muchas alternativas en la vida por elegir un camino es algo inevitable pero que quienes tengan que renunciar siempre sean las mismas significa que algo no está bien en esta nuestra sociedad tan “tradicional-mente” española.

miércoles, 9 de enero de 2013

¿Pornografía o erotismo?



La revista Interviú fue un icono de la libertad de expresión en la época postfranquista. Se caracteriza por sus vistosas portadas que la mayoría de las veces se declinan más por el lado de la pornografía que del erotismo. Pero, también, se pueden encontrar reportajes de investigación periodística sobre gran variedad de asuntos, que pocas veces tienen algo que ver con la portada.
Esta revista ha publicado recientemente en su portada el desnudo de dos concursantes de un programa de televisión. Una de las concursantes es de mi misma ciudad y he contemplado, con asombro, la repercusión que ha tenido en todos los medios informativos locales o provinciales.
Comprendo que es una noticia que reclama gran cantidad de público y, por tanto, de lectores que al fin y al cabo es lo que se busca; y la importancia la acaban dando los lectores que son quienes la difunden y opinan. Pero, ¿es una información tan importante como para salir en la portada de un periódico? El lugar donde se coloca la noticia es un indicador de la relevancia que se le concede a dicho asunto y, en algunos medios, ha tenido un pequeño hueco en la portada, incluyendo la foto.
No voy a caer en debates morales de si la pornografía es lícita o no, cada uno tendrá su propia opinión y como tal es válida. Lo que sí me gustaría es analizar la repercusión que tiene el sobredimensionar este tipo de noticias sobre la sociedad y sus creencias.
Durante décadas se ha intentado combatir, desde la base, contra una sociedad machista que tiene unas raíces muy arraigadas. Existen multitud de comportamientos y de actitudes de nuestro día a día que lo demuestran comenzando por el reparto de las tareas en los hogares hasta la situación laboral de las mujeres. La dificultad de una mujer por llegar a un puesto laboral de relevancia aún, hoy día, es un hecho tangible. Muchos (y muchas) todavía, no creen que una mujer sea capaz de liderar equipos o de desempeñar labores de gran responsabilidad. Paradójicamente, sus “tetas” sí pueden liderar la portada de una revista que goza de gran popularidad.
Quiero decir con esto que, sin querer, se sigue reforzando el valor de la mujer como un objeto. Cobra de nuevo importancia ese viejo dicho que dice: “tiran más dos tetas que dos carretas”. ¿Significa esto que una mujer sólo puede ejercer su influencia si su físico es deseable? Se afianza, pues, el estereotipo de la “mujer florero” que no suele ser muy inteligente pero adorna. Y como los prejuicios son la información más rápida a la que accedemos y la más fácil de manejar, ese concepto se extiende a todo el colectivo de las mujeres convirtiéndose así en una zancadilla al respeto que se había conseguido hasta ahora.
Por otro lado, ahora generalizando, la prensa erótica y pornográfica va dirigida a un tipo de público y, normalmente, con unos objetivos específicos. En nuestro país, cualquiera que sea mayor de edad puede disfrutar de estos contenidos libremente. Algo que no es para nada reprochable, incluso, puede ser algo positivo siempre que se utilice sin violar los derechos de otros.
Al hablar de derechos, no podemos olvidar a los menores. Como bien es sabido, el consumo de este tipo de material sólo está permitido para los mayores de edad. Sin embargo, cualquier menor puede tener un acceso relativamente fácil, bien sea a través de internet, de prensa escrita o de la televisión. Por eso, al publicar noticias como estas no debemos olvidar que nuestros lectores pueden ser menores. Y, aunque no sean lectores habituales, al difundir la noticia a través de las redes sociales, hay gran cantidad de niños y adolescentes que se pueden topar con la noticia. ¿Es necesario que puedan acceder a estas fotos tan fácilmente? Y la prensa escrita, ¿cuántas veces se queda dando vueltas por las casas durante tiempo y tiempo? Cuando digo esto también me refiero a otro tipo de contenidos como los violentos o imágenes escabrosas.
Para finalizar, propongo una reflexión acerca de qué contenido merece más la pena: el pornográfico o el erótico. Para muchos, lo explícito es lo que interesa porque eso es lo que se busca pero, para otros, el erotismo implica más imaginación y la sugerencia promueve más diversión. ¿Por qué os decantáis vosotr@s?

martes, 11 de diciembre de 2012

La culpa del paro es de las mujeres



La tasa de paro supera el 25% de la población activa, lo que supone que nos acercamos a los seis millones de personas desempleadas. Son cifras abrumadoras que no dan lugar a mucho optimismo. Esta situación, genera un estado de frustración y temor constante, no sólo en las personas que no tienen empleo, sino, también, en las que lo tienen ya que pueden perderlo en cualquier momento. Pero, en especial, esto afecta a aquellos que llevan mucho tiempo sin encontrar un trabajo.
Ello contribuye a que muchos hombres comiencen a pensar que la “culpa de todo la tienen las mujeres porque les quitan el trabajo”. “Que antes no había tantos problemas como ahora y que el número de empleos no crece y hay demasiada gente queriendo trabajar”.
Estas ideas suenan a otro tiempo, no muy lejano, en el que se escuchaban voces que argumentaban que los inmigrantes venían a nuestro país a quitarnos el trabajo a los de aquí. Ahora, como muchos de ellos han tenido que volver a su país cuando han visto que España no es un paraíso, ni mucho menos, nos encontramos con que la situación no ha mejorado para nada.
¿Qué hacer entonces si esto no mejora y ya no hay inmigrantes a quien echar la culpa? Habrá que buscar otro chivo expiatorio que nos dé alguna razón para soportar esta situación tan caótica. Siguiendo la escala de los más débiles las siguientes son las mujeres. Después de luchar tanto tiempo para conseguir la integración en el mercado laboral, ahora parece que no fue tan buena idea.
En los momentos difíciles si no tenemos un motivo que nos explique la situación que vivimos nos sentiremos mucho más perdidos y no podremos generar ninguna solución ni expectativa de cambio. Por eso, necesitamos teorizar y buscar una razón que nos parezca medianamente verosímil. Normalmente, se buscan personas o colectivos que no están asentados del todo o que se consideran más débiles para hacerles cargar con la culpa de las desgracias. De esta manera nos sentimos algo más aliviados y nos creemos que puede haber una salida a los problemas.
En este caso son las mujeres porque se encuentran en el siguiente escalón de los colectivos “débiles”. Para reforzar este razonamiento se recuperan todos los prejuicios y las ideas del patriarcado y se fortalecen aún más que en otros tiempos porque es necesario que tengan suficiente consistencia como para que se convierta en una explicación general. Y cuanta más aceptación tenga más convencidos estaremos de ello y menos necesitaremos buscar explicaciones o soluciones alternativas que antes no encontramos.
No sólo los hombres son quienes aceptan esta explicación. Las mujeres se sienten débiles porque aún no han consolidado su posición en el mundo laboral. Eso les crea inseguridad y hace que se pregunten muchas veces si realmente se merecen su empleo o que se sientan mal cuando ellas tienen trabajo y sus parejas están desempleadas. De manera subyacente esas ideas están presentes en el entorno de todos y, paradójicamente, lo que hacen es frenar las posibles soluciones que se puedan plantear.
Por otra parte, los altos cargos están ocupados, en su mayoría, por hombres y esta situación se acentúa cuanto más avanzamos en las jerarquías. Las mujeres, en gran parte, acaban ocupando cargos sin responsabilidad o secundarios. Sin embargo, se ha demostrado que cuando son mujeres quienes ocupan los altos cargos de la jerarquía en las empresas el funcionamiento es mejor y la productividad aumenta. No obstante, seguir ese razonamiento supone dejar a un lado nuestras creencias machistas que tan bien asentadas están en nuestra sociedad y cambiar nuestro sistema de valores de manera radical. Algo para lo que la sociedad no se siente capacitada ni se sentirá mientras aquellos que se encuentran en el poder se sigan aferrando a su egoísmo y teman que se les desplace si dan una oportunidad a la igualdad real.
Es más, podemos recordar cómo no hace mucho tiempo surgieron opiniones de políticos (hombre ¡y también mujeres!) que actualmente están en el gobierno de la nación y de las comunidades autónomas defendiendo la vuelta de la mujer a sus labores en el hogar como medida para combatir el paro.
¿Qué ejemplo se está dando y qué ideas estamos reforzando? Con ello lo que se consigue es echar por tierra las medidas de igualdad, ya de por sí muchas veces irrisorias. ¿O es que no somos conscientes de la precariedad de la maternidad, de la falsa conciliación laboral o de los permisos de maternidad-paternidad y excedencias que si se solicitan se corre el riesgo de perder el empleo?

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Violencia machista



Todos hemos oído muchas veces que hay que estar alerta a las señales y que no debemos dejar pasar ni la más mínima muestra de agresión. Pero, ¿qué es la violencia machista? ¿Qué tipos de maltrato hay?
Parece que todos entendemos la violencia como algo físico y dañino para la persona, en este caso la mujer que vive en el hogar y sufre el maltrato de su pareja. La violencia no sólo abarca lo físico, incluyendo el ámbito sexual, sino también lo psicológico que es lo que menos se ve y, muchas veces, es lo que más daño hace. Además, también se considera violencia el aislamiento social, emocional y económico al que están, o acaban, sometidas estas mujeres.
Las raíces de la violencia machista están en la cultura del patriarcado en la que vivimos. En ella hemos aprendido que el hombre es quien tiene el control, el que lleva los pantalones, toma las decisiones importantes y el resto se le consultan, el que trae el dinero a casa y, por tanto, mantiene a la familia. Esto se basa en una idea en la que la mujer es considerada como alguien débil, inútil, sin capacidad de pensar o razonar sobre cosas complejas o típicas de hombres; alguien que en caso de tener responsabilidad sobre algo, ese algo se iría irremediablemente a la ruina. Por ello, se concibe que lo mejor que puede hacer es criar a sus hijos y encargarse de la casa, actividades sencillas que no tienen ningún riesgo para la sociedad.
Ahora bien, un hombre que tiene este concepto sobre las mujeres, implícitamente, está degradando y poniendo en situación de inferioridad a otra persona que, en realidad, es como él mismo pero de un sexo diferente. Por tanto, mostrará un menor respeto hacia su persona y en todos los ámbitos de su vida.
Por otro lado, alguien que no ha aprendido a controlar sus emociones e impulsos negativos o de ira no tiene estrategias que emplear para calmar su frustración.  En este caso, un hombre enfadado que no sabe canalizar su agresividad empleará como desahogo lo que haya visto o lo que le parezca más tranquilizador. Si ha aprendido desde pequeño que a las mujeres se les puede pegar e insultar seguirá empleando los golpes, gritos y amenazas para calmar su ira.
Pero no siempre un hombre emplea la violencia sólo cuando está enfadado. A veces, la ira empieza cuando la mujer hace algo que enfada a su pareja. ¿Qué cosas pueden ser? Cualquiera. La escusa puede ser la más inverosímil. Puede ser que sienta celos porque va arreglada, porque va a trabajar o a otro lugar donde él no la puede controlar, porque su trabajo implica tener contacto constante con otras personas, porque así desatiende a los hijos, porque la casa no está ordenada, porque ella tiene un sueldo superior al de él, porque el trabajo de ella es más interesante o motivador, porque ella tiene prestigio, porque está ascendiendo en su carrera profesional porque tiene muchos amigos/as… o cualquier otra idea que se le pase en ese momento por la cabeza.
Si nos fijamos bien, todo esto refleja inseguridad por parte del hombre que siente que no es quien tiene el control o puede ver amenazada su masculinidad en los roles típicos de su género.
Primero empezará por mostrarse celoso y después continuará con un asedio contra su pareja que hundirá la autoestima de la mujer. Utilizará chantajes emocionales y comentarios aludiendo a todos los fallos que comete para hacerle ver que no es válida. Se regodeará en todos los fracasos que tenga e, incluso, se los provocará no dejándola llegar puntual, haciéndola llorar antes de salir de casa en un día importante o puede que llegue a encerrarla en su propia casa. Y se dirigirá a ella con calificativos despectivos y con insultos.
Además, restringirá el acceso a los bienes comunes de la pareja, especialmente si ella no trabaja. No le dará dinero suficiente para hacerse cargo de la casa, con lo que ésta tendrá que pedirle más. Él la tachará de derrochadora y desconfiará de en qué o con quién se gasta el dinero. Como su obligación es mantener el orden en la casa (bajo la supervisión de su marido) ella se encontrará en una encrucijada que le hará pensar que realmente es una derrochadora y que no sabe hacer bien las cosas, que para eso es mejor que sea él quien tenga el control sobre todo, incluso sobre ella.
Y así su autoestima estará diezmada y lista para soportar lo que se le venga encima porque quién más la va a querer si ella no vale nada…