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miércoles, 3 de abril de 2013

Ser consciente del maltrato



Los ciclos de violencia de género suelen ser todos muy parecidos. En ellos están los celos, los chantajes emocionales y la personalidad posesiva. El amor,  la dependencia y el sacrificio por evitar conflictos. La pareja acaba viviendo en una burbuja aislada del mundo exterior de la que él puede salir siempre que quiera pero ella no tiene el permiso de él. Paulatinamente, ella se va volviendo más sumisa y va cediendo sus derechos para intentar evitar unos conflictos que, irremediablemente, acaban llegando por una razón u otra. En la mayoría de las ocasiones, uno de los miembros de la pareja, o los dos, han crecido con una dinámica de sumisión femenina y agresividad y dominancia masculina.
Una vez que se entra en el ciclo ella ya se acostumbra y si alguien le dijera lo que ocurre lo negaría. Reconocer que alguien está siendo víctima de malos tratos es muy duro por la vergüenza que eso conlleva. “Lo sabías y no hiciste nada”. Probablemente, si no hizo nada es que no le importaba y, por tanto, fue ella quien se lo buscó. Se siente débil, sin apoyo y no se cree capaz de hacer nada para evitarlo porque si sale mal no sabe las consecuencias que eso tendría. No quiere esconderse toda su vida y sabe que si quisiera la encontraría y no quiere ni imaginarse de lo que él sería capaz.
Y tanto se lo cree que prefiere no ser consciente de lo que está sufriendo. Es sólo que él tiene defectos como también los tiene ella pero le quiere tanto y le ve tan débil que se siente incapaz de dejarle. Él necesita ayuda y ella es la única que le conoce bien y que sabe lo que necesita. Sabe que él va a cambiar porque se lo ha prometido muchas veces y ella se da cuenta de que hace muchos esfuerzos y lo valora. Es más, ella ha conseguido que él esté mejor porque antes era un “bala perdida” que no sabía qué hacer con su vida. Gracias a ella él ya no se mete en líos o no sale tanto o no bebe como antes y tiene una vida más estable. Se lo ha repetido muchas veces y, por eso, cuando piensa en la posibilidad de dejarle se arrepiente porque después de todo el esfuerzo y lo “bien” que está ahora, ¿cómo le va a dejar en la estacada? Sería como traicionarle y entonces confirmaría todo eso por lo que ella se ha rebajado y le ha llevado a esa situación en la que se encuentra.
Además, “reconoce” que haber llegado a una situación así es culpa de los dos porque muchas veces le ha provocado, no ha sabido llevarle o ha tenido poca paciencia. A veces, se olvida de los buenos momentos y lo feliz que se siente. En todas las parejas hay malos momentos y lo mejor es la reconciliación porque se vuelve tan cariñoso y bueno… es entonces cuando reconoce a la persona de la que se enamoró y sabe que aún existe. Cuando reflexiona se da cuenta de lo mucho que le quiere y que le necesita, imagina su futuro junto a él, siendo felices y con la certeza de que él ha cambiado y que es tan bueno como cuando le conoció.
Entonces se aferra a esa idea y cree que, en realidad, no es tan malo porque, como siempre, ha exagerado lo que le pasa. Él va cambiando poco a poco, lo intenta aunque le cuesta, y ella debe tener un poco más de paciencia porque el resultado está cerca. Si alguien le insinúa que ella no está bien y que es peligroso quedarse con él le responderá asegurando que no le pasará nada y que puede controlar la situación.
Pero lo que ocurre es que normalmente la situación cada vez es más grave y el enganche es mayor. La sensación de que él ha cambiado se debe a que ella se va amoldando a sus exigencias para no buscar problemas y evitar así que él se enfade. Al no dar pie a que se ponga agresivo por ciertas cosas supone que es él quien ha cambiado.
A veces, puede llegar a tomar conciencia de lo que ocurre pero al no ser capaz de poner remedio prefiere asumir la situación quitándole gravedad lo que se refuerza por el hecho de pensar que si realmente fuera grave ya le habría dejado. Para tranquilizarse recuerda los buenos momentos que al compararlos con los malos, suponen un pago más que justo por los disgustos. Hasta que el miedo lo invade todo y lo que queda es la indefensión y la angustia de sentirse incapaz de poner remedio porque es demasiado tarde…

martes, 27 de noviembre de 2012

¿Por qué las mujeres maltratadas no se separan?



A menudo, cuando leemos o escuchamos de primera mano un caso sobre violencia de género o doméstica nos preguntamos: ¿por qué no le deja? Incluso, nos atrevemos a exigírselo a la propia víctima.
Algo que parece tan claro para los demás cuando lo ven desde fuera es mucho más complicado cuando se está dentro. Lo primero de todo es reconocerlo y no siempre se consigue. El maltrato suele comenzar de una manera muy sutil, con comentarios, discusiones, celos, etc. que van subiendo de tono cada vez más. El hecho de ser algo progresivo impide que se tenga una visión exacta de la realidad y se normalice la situación. A veces discutimos… Normalmente cuando nosotros tenemos conocimiento vemos el resultado final pero no el lento y progresivo proceso que ha tenido lugar.
Una vez que la situación llega a ser tan insostenible como para que la propia víctima se dé cuenta, ese mismo hecho es lo que impide abandonar a su pareja. Después de tanto tiempo no se atreve porque su autoestima está tan mermada que cree no ser capaz. ¿A dónde va a ir ahora? Todas las personas de su entorno se lo advirtieron mientras no lo veía y, en la lucha por defender a su agresor, llegó a terminar otras relaciones más importantes. En consecuencia, su apoyo social se ve ahora muy reducido, junto con la culpabilidad que siente por haberse enfrentado a quienes la querían ayudar.
Por otro lado, su pareja es alguien a quien ha amado todo con toda su alma. Se ha involucrado y ha arriesgado tanto que terminar con esa situación le parece un fracaso terrible, lo que destruye aún más su autoestima. Los momentos malos han sido terribles pero los buenos han sido tan extremadamente buenos que “compensan” el sufrimiento con la pasión desenfrenada. Cada reconciliación es como una luna de miel… Eso sin contar con el chantaje emocional al que está sometida cada vez que ella intenta abandonarlo. “¡Sin ti no soy nada!”, “¡No me dejes, cambiaré!”, “¡Mi vida no tiene sentido sin ti!”, “¡Te necesito!”.
Y en el momento de plantearse un abandono real aparecen las dudas en las que piensa: a dónde va a ir ella si no es nadie. Con tantas amenazas como ha recibido cree que ya no tiene el control sobre nada y haga lo que haga no podrá escapar de esa situación. No sabe cuándo va a llegar un golpe o una paliza ni cuándo le va a obsequiar con humillaciones que van minando su persona. A veces, pensaba que se portaba mal o que no hacía bien las cosas, ahora sabe que sólo depende del humor con el que llegue a casa y a veces ni siquiera eso.
También le aterroriza que si se va la pueda encontrar o que su huída sea un fracaso y tenga que volver porque, al fin y al cabo, ahí es donde mejor y más cuidada está; ella, que no sabe cuidar de sí misma.
Y si supera todo esto y decidiera dar el paso, piensa que el mundo exterior le dará la espalda porque fue culpa suya permitirlo y que ya la avisaron pero no hizo caso. Sólo miraba por los ojos de él y acabó haciendo lo que le pidió. Si ella trabajaba, los celos le invadían a él, con lo que es probable que dejara su puesto de trabajo para dedicarse por entero a su amor y dejar de darle motivos para pegarla. Aunque ella fuera el ama de casa el dinero lo administraba su pareja y siempre le reprochaba ser una derrochadora. Con lo que si ahora decide irse se quedará sin recursos y no podrá sobrevivir. ¿Dónde encontrará trabajo si no sirve para nada?
¿Y los hijos? ¿Qué va a hacer con ellos? Si no sabe cuidar de sí misma, ¿cómo va a cuidar de unos niños? ¿Y cómo los va a mantener? ¿Y si les encuentra y les hace algo? ¿Cómo voy a separar a unos niños de su padre?
Las políticas actuales que protegen a las víctimas de maltrato tratan de dar un respaldo a todas aquellas mujeres que intentan salir de la situación insostenible en la que se encuentran. El problema es, como siempre, la falta de medios para hacer frente a estas demandas de forma rápida y efectiva. Esto supone que a algunas les entre el pánico y decidan dar marcha atrás o que la dependencia de su pareja sea tan grande que decidan darle otra oportunidad. Para otras, el tiempo que tienen que esperar puede que sea demasiado y que las consecuencias sean peores aún.