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miércoles, 13 de agosto de 2014

Las vacaciones, el tiempo libre y sus beneficios.

Las vacaciones son ese período de tiempo que deseamos que llegue durante todo el año y que, cuando llega, sucede tan deprisa que apenas nos permite acariciar la sensación de libertad de horarios y de responsabilidad en nuestra vida. Tanto es así que puede llegar a causarnos una depresión al volver al trabajo.
¿Son necesarias las vacaciones? Todos, sin lugar a dudas, diríamos que sí. Pero, lo cierto, es que muchas personas no tienen vacaciones o creen que no se pueden permitir unos días de descanso. Este es el caso de personas que tienen trabajos inestables o que están desempleadas o, incluso, quienes se encargan de la casa, es decir, los amos y las amas de casa.
Las vacaciones son un tiempo para desconectar de nuestras rutinas diarias y de nuestras preocupaciones. Pasamos las semanas yendo a trabajar o planificando nuestras horas para que nos dé tiempo a cumplir con todas nuestras obligaciones semanales: el trabajo, las compras, la casa, los hijos, etc. Sólo pensamos en el fin de semana que pasa como un suspiro y muchos tan siquiera lo pueden disfrutar porque sus horarios incluyen estos días entre su jornada laboral. Así es que la vía de escape se sitúa en las vacaciones.

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Las vacaciones nos sirven para contactar con otros aspectos de nuestra vida y otras personas que nos aportan nuevos puntos de vista.

Ponemos todas nuestras expectativas en el periodo de las vacaciones porque son más días y podemos llevar a cabo todo aquello que nos gustaría hacer y no podemos durante el resto del año.
Por un lado, pensar en las vacaciones nos aporta un punto de evasión en medio del estrés diario porque pensamos que todo el esfuerzo que estamos haciendo a diario tendrá su recompensa. Esto nos motiva y nos da fuerzas para continuar con las rutinas semanales mientras planeamos qué nos gustaría hacer cuando tengamos nuestro periodo de descanso bien merecido.
Por otro lado, cuando llegan de verdad podemos abandonar nuestros horarios estrictos, muchas de nuestras responsabilidades y nuestra planificación milimetrada. Es como si dejáramos de presionar a nuestro cerebro con los deberes de cada día, le quitáramos la correa y le dejáramos campar a sus anchas. Esta es una de las razones por las que a veces nos duele la cabeza en nuestro tiempo libre, lo que se denomina cefalea de fin de semana. Se produce un efecto rebote al pasar de niveles elevados de estrés a un estado de calma mental absoluta.
En nuestro tiempo de descanso no necesitamos ir a otros lugares si no podemos aunque cambiar de escenario también nos ayudará bastante. Lo que de verdad importa es cambiar nuestro ritmo de vida a uno que nos permita relajarnos.
Podemos aprovechar para hacer actividades que en otros momentos no podemos por falta de tiempo o incompatibilidades horarias. El ocio pasa a ser la prioridad y las exigencias quedan a un lado. Podemos olvidarnos de planificar cada segundo de las siguientes veinticuatro horas y dejarnos llevar un poco más por la improvisación. Es el momento perfecto para comer cuando nos apetece, olvidarnos de la hora de ir a la cama, desconectar el despertador, pasar el tiempo que queramos en la cama… Cada día puede ser una aventura o un tiempo lleno de experiencias positivas.
Además, las vacaciones son un tiempo perfecto para retomar el contacto con personas que nos resulta difícil ver durante el resto del tiempo o conocer a otras personas, compartir momentos de ocio e intercambiar ideas y experiencias que nos ayudar a contemplar otros puntos de vista.

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Aunque la mayoría aprovecha las vacaciones para viajar a otro lugar no siempre se puede. Sea donde sea, es conveniente disfrutar de actividades dinámicas para desconectar mejor conseguir un grado de relajación y descanso mayor.

Es más recomendable tener unas vacaciones activas, en las que nos movamos que quedarnos en casa a descansar todo el tiempo porque si bien el cuerpo descansa nuestra cabeza no. Si no tomamos contacto con otros aspectos de nuestra vida no romperemos con la rutina y no nos servirá de descanso. La falta de estimulación y de experiencias gratificantes nos llevará, inevitablemente, a nuestra propia rutina apática de la que nos resultará difícil salir hasta que terminen las vacaciones y volvamos a nuestro día a día.
Además, la inmovilidad hace que no percibamos una sensación de descanso completa porque perderemos resistencia física. Cada vez necesitaremos más descanso físico y cuando tengamos que movernos nos costará más, con lo que la sensación de cansancio irá en aumento.
En resumen, para aprovechar mejor las vacaciones lo ideal es romper con las rutinas y horarios, aprovechar para entrar en contacto con otros aspectos de nuestra vida tanto en cuestión de actividades como de entorno social y tratar de evitar la completa inactividad que nos lleve a la apatía.

martes, 10 de septiembre de 2013

La vuelta al cole

Llega septiembre y terminan los horarios flexibles y los días de poco hacer. Los días comienzan a ser más cortos y el calor ya no es tan aplastante como en los meses anteriores.
Tengamos trabajo o no, seamos estudiantes, jubilados o trabajadores, a todos se nos altera la vida en los meses estivales. Nos gusta disfrutar del buen tiempo y paliar las altas temperaturas como mejor sabemos: en una terracita, en la piscina, en la playa, en el pueblo, etc. En definitiva, intentamos aprovecharlo de la mejor manera posible y, para ello, nos tomamos la vida de una manera mucho más relajada.
Y tan relajados podemos llegar a estar que se nos olvida que no es para siempre. Es por esto que cuando toca ponerse otra vez las pilas podemos experimentar la famosa depresión postvacacional. Estancamos nuestro pensamiento en los buenos momentos y el relax del verano y sentimos que una losa se posa sobre nuestra cabeza como si a partir de ese momento estuviéramos castigados a llevarla hasta el siguiente verano. Pensamos que ya no vamos a disfrutar como antes y que nuestra vida va a ser aburrida, estresante y horrible. Y eso sin contar todo lo que falta para poder disfrutar de nuevo de lo bueno que, por otro lado, parece lo único.
Con septiembre llega la hora de retomar las rutinas y comenzar a pensar en lo que supondrá el curso que viene. Este mes puede ser un buen momento para afrontar de otra manera los meses de frío que llegan. Es cierto que cambiamos nuestro modo de vida pero, también es cierto que, se abren ante nosotros nuevas oportunidades. Los meses de veranos han supuesto un descanso para nosotros con lo que llegamos con las pilas cargadas. Podemos reflexionar acerca de lo que hemos hecho antes y plantearnos cambios que nos aporten bienestar. Todo aquello que hemos decidido dejar para más adelante es el momento de abordarlo ahora.
Esta es otra de las razones por las que nos sobreviene la depresión postvacacional, dejamos gran cantidad de asuntos pendientes diciéndonos a nosotros mismos que es mejor empezar en septiembre, es decir, procrastinamos. El problema es que a veces dejamos tantas cosas que sólo con pensarlo nos saturamos y nos agobiamos pensando que no vamos a ser capaces cumplir con todo.
Es mejor pensar de una manera razonada y establecer prioridades. Ocuparnos de lo más inmediato y lo más importante y organizar bien nuestro tiempo. Septiembre es un mes perfecto para aprovechar la transición porque, a pesar de tener que retomar nuestras obligaciones, podemos seguir disfrutando de un tiempo más o menos bueno. El tiempo atmosférico es importante porque las temperaturas agradables y la luminosidad favorecen que nos sintamos de mejor ánimo. Esto nos da una fuerza y una motivación mayores que suponen un extra gratuito a tener en cuenta y aprovechar.
También es un buen momento para sentar las bases de lo que va a ser el resto del año. Si nos proponemos un plan de acción y lo vamos cumpliendo no nos encontraremos todo el invierno quejándonos de la falta de tiempo para todo. La mayoría de las veces esta falta de tiempo se debe a que no hemos planificado bien nuestros horarios.
En resumen, en septiembre no termina el verano y con él todo lo bueno sino que comienza el periodo del año en el que podemos sacar lo mejor de nosotros mismos aprovechando que estamos descansados y que tenemos unas condiciones favorables.

sábado, 6 de julio de 2013

Disfrutar de las vacaciones sin morir en el intento

Llega el verano y con él la temporada de las vacaciones estivales, las más deseadas pero, también, las más reñidas.
Durante el año establecemos una rutina que prácticamente gira en torno al trabajo. Pensamos y organizamos nuestro tiempo en torno a la jornada laboral y el rato que nos queda libre lo aprovechamos para hacer aquello que nos da tiempo y que no siempre son actividades de ocio.
En verano todo cambia. Los niños tienen vacaciones y se alteran las rutinas. Parece que todo es más relajado e intuimos que nos lo vamos a tomar todo con más calma que el resto del año.
Sin embargo, el preparar las vacaciones no es un asunto baladí. Lo primero de todo es saber el tiempo del que disponemos y el presupuesto con el que contamos para saber cuáles son las opciones que tenemos. Si comenzamos a soñar con unas vacaciones que no podemos pagar aquí llegará la primera frustración.
Otra cuestión a tener en cuenta es que no podemos llevarnos el trabajo en nuestra cabeza de vacaciones. Es un momento para desconectar y si mezclamos el ocio con el estrés éste último se apoderará de nuestro período vacacional y no podremos dejar de pensar en lo que estaríamos haciendo o lo que tendremos que hacer cuando volvamos para ponernos al día. Si no nos olvidamos del trabajo por unos días no disfrutaremos de las vacaciones y volveremos como si no nos hubiésemos marchado o peor aún.
Lo siguiente es saber con quién nos vamos a ir. Con amigos, en pareja, en familia o solos. Si vamos solos no tendremos problemas para organizarnos ya que todas las decisiones recaerán sobre nosotros mismos. Si vamos acompañados tendremos que ajustar días y ponernos de acuerdo con las preferencias de todos. Siempre debemos estar dispuestos a negociar pero si no estamos de acuerdo en absoluto con algo es mejor que lo digamos o que no nos sumemos al plan puesto que corremos el riesgo de crear tensión y acabar discutiendo durante todo el tiempo que duren las vacaciones.
En el caso de ir con nuestra pareja o familia tenemos que tener claro que este tiempo es para relajarse y disfrutar, y para reforzar la relación pero no para salvarla. A menudo, lo que ocurre es que las expectativas de unos y otros no se ponen en común y acabamos llevándonos una sorpresa no muy agradable. Cuando tenemos mucho estrés acumulado fantaseamos sobre las vacaciones y lo bien que nos lo vamos a pasar, cuántas cosas vamos a hacer y lo mucho que vamos a descansar. Pero, normalmente, hacemos los planes a nuestra medida sin contar con lo que le gustaría a la otra persona o, incluso, olvidando que nos llevamos a nuestros hijos. Muchas veces estamos acostumbrados a tener una relación más bien escasa con nuestra familia durante el año simplemente por la falta de tiempo. Así que lo único que hacemos es acumular las preocupaciones y los problemas diariamente sin compartirlos y damos por hecho que en las vacaciones se van a esfumar y vamos a volver como nuevos.
En cambio, lo que ocurre es que la otra parte de la pareja llega igual; con sus propias expectativas y con todo ese torrente de ansiedad y problemas que quiere quitarse de encima como si fueran moscas. En ningún momento nos paramos a pensar que la otra persona hubiese pensado lo mismo que nosotros, hacer lo que quiera, descansar y no preocuparse de nada ni nadie más. Así es que nos encontramos con una pareja que no quiere hacer nada de lo que nosotros queremos, que no nos comprende, que dice estar cansado y estresado y que sólo quiere estar tranquilo (o tranquila). Y puede que también nos encontremos con unos niños que no se cansan nunca de gritar, de pedir cosas y de pelearse con sus hermanos, que no nos dejan dormir y que requieren atención treinta horas al día.
De repente, todas nuestras ilusiones se rompen y la ansiedad aumenta con la frustración que sentimos. Comenzamos a sentir que “estábamos mejor en casa”, que “esto no es descanso ni es nada”, que “no lo podemos soportar más” y que ojalá se terminen pronto. Y a todo ello sumémosle que no podemos separarnos de este ambiente que se ha creado y que cada vez se nota más cargado. Como nuestro humor ha cambiado también la manera de relacionarnos con los demás ha cambiado y se nota un ambiente hostil que puede ir en aumento.
Para que nuestro tiempo de vacaciones no sea un desastre lo mejor es tener todos estos puntos bien definidos y asumir que no hay nada perfecto pero que, si nos lo proponemos, podemos pasar unas vacaciones magníficas y volver casi como si nos hubiésemos tomado un año sabático.