martes, 13 de marzo de 2012

Aprender a respirar


Aunque suene irónico, no todas las personas respiran correctamente. De hecho, al nacer sí lo hacemos bien pero, a medida que pasa el tiempo, algunas personas escogen el camino “fácil” o “rápido”. El acto de respirar no consiste solamente en inspirar y espirar, es decir, introducir y soltar el aire de los pulmones. También, consiste en saber hacerlo. Y, por supuesto, respirar profundamente tampoco significa respirar con fuerza o hinchando el pecho todo lo que podamos hasta meter la cabeza entre los hombros, como solemos hacer.
Nuestros pulmones se dividen en tres zonas: la superior, la media y la inferior; que podríamos hacer corresponder con el pecho, el estómago y el abdomen. Habitualmente, cuando nos piden que respiremos profundamente tomamos aire con todas nuestras fuerzas pero sólo hinchamos el pecho, o sea, la parte superior de los pulmones. Así, no llega suficiente oxígeno las células y, por tanto, no se oxigenan completamente. El oxígeno es el combustible para que las células funcionen, por eso es tan importante un aporte correcto a nuestro organismo.
Cuando repetimos los ciclos de inspiración-espiración “profunda” notamos que no nos llega todo el aire que necesitamos con lo que aceleramos el ritmo de las repeticiones. Con esto no conseguimos aumentar la cantidad de oxígeno que introducimos sino que notamos una sensación de cansancio, como si hubiésemos estado haciendo un gran esfuerzo físico. Esto ocurre porque obligamos a que nuestro corazón trabaje más y no tiene más remedio que acelerarse. Evidentemente, no lograremos relajarnos que era lo que pretendíamos.
El aumento de la frecuencia produce una sensación de desasosiego porque, por un lado, el oxígeno es insuficiente y, por otro, al realizar cada vez más ciclos estaremos realizando más esfuerzo con lo que necesitaremos aún más oxígeno del habitual. En cambio, si realizamos una respiración completa y tranquila llegará mucho más oxígeno de una sola vez. Los ciclos de respiración serán más largos y no realizaremos tanto esfuerzo con lo que, paulatinamente, el corazón disminuirá el ritmo de los latidos y notaremos una sensación de relajación.
Al observar a un bebé mientras duerme lo que percibimos es tranquilidad. Si miramos su cuerpo con atención nos daremos cuenta de que su pecho no es el que sube y baja con cada respiración sino que es su ombligo. Esa es la clave de la correcta respiración, que el aire llegue hasta abajo del todo para que los pulmones se puedan llenar completamente.
El ejemplo más extremo de una respiración incorrecta lo encontramos en los ataques de pánico. Una sensación de muerte inminente o de que algo malo va a ocurrir se apodera de la mente de la persona y siente que tiene dificultades para respirar. Intenta tranquilizarse tomando aire pero, como está tan nerviosa, respira cada vez más rápido para coger más aire con lo que la sensación de ahogo se incrementa. Justo lo contrario de lo que pretende conseguir. En cuestión de minutos esto se convierte en un círculo vicioso cada vez más intenso que deriva en el ataque de pánico, también llamado crisis de angustia.
Siempre que nos encontremos intranquilos debemos respirar muy despacio, dejando que entre bien el aire hasta la parte inferior de los pulmones. En una respiración correcta se hincha la tripa y el diafragma se pone plano empujando al abdomen. Un dato que nos servirá como referencia, es que el cinturón o el botón del pantalón nos aprieta cuando vamos llenando los pulmones. Una vez que hemos llegado a este punto podemos ir soltando muy despacio el aire. Notaremos cómo sale primero del pecho, luego del estómago y después del abdomen y ya no notaremos que nos aprieta la falda o el pantalón.
Un aspecto a tener en cuenta es que puede que notemos una sensación de mareo. Eso significa que hiperventilamos. Estamos introduciendo mucho más oxígeno en nuestro cuerpo de lo que estamos habituados y es la falta de costumbre la que nos produce esa sensación. Debemos realizar cada respiración mucho más despacio para que desaparezca el mareo pero persista la sensación de relajación.

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